De depredadores a conservadores

En la punta del Golfo de Urabá, cuando se acaba la tierra y sólo queda mar abierto, encontrarás 4 de las 7 especies tortugas marinas que existen en el Caribe y, si tienes un poco de suerte y visitas la vereda Lechugal en la temporada

adecuada, podrás avistar la tortuga verde, tortuga carey, tortuga caná la más grande de todas las especies, tortuga cabezona o careta careta. A partir de marzo y hasta noviembre aproximadamente, llegan a Playa Bobalito estás tortugas en vía de extinción a desovar.

 

Los integrantes de la Asociación de Conservación Ambiental Ecoturismo (ACAETUR) quienes son los mismos pobladores de esta vereda, se encargan del cuidado y la conservación de los recursos naturales, tanto en fauna silvestre como

marino costera, la flora y las fuentes hídricas. Es paradójico pensar que en el pasado, ellos mismos eran los encargados de la caza ilegal de tortugas para su consumo y venta, proveniente de un legado cultural, “En el año 2010 nosotros

pasamos de ser esos depredadores, a ser conservadores, lo más importante era y es recuperar la población de tortugas que nosotros mismos estábamos acabando” relató Néstor Sánchez, representante legal de la ACAETUR.

 

El proceso de conservación de tortugas marinas lo han dividido en varias etapas: recuperación de la población de estas especies, aprovechamiento del potencial turístico - ecológico a través del avistamiento y velar por el aumento de las especies a partir de las eclosiones de nido.

 

La comunidad ha vivido un cambio profundo, no sólo desde sus creencias, también desde la consolidación de una asociación para ser más visibles y poder acceder a los apoyos otorgados por diferentes entidades, como COPORURABA y el SENA que lograron gestionar la plataforma de avistamiento y desde donde hoy hacen su trabajo de conservación, pueden brindar servicio de hospedaje y alimentación a los turistas. Ha sido un proceso de capacitación y aprendizaje

constante, donde han tenido la oportunidad de viajar a Costa Rica para aprender a diferenciar las especies, cuidar los nidos de los depredadores naturales y estimar las fechas de las eclosiones.

 

“Ver un nido eclosionando y los neonatos descender al mar es de las experiencias que más emocionan a nuestros visitantes y esa emoción es la que queremos que transmitan en sus ciudades de origen, para que más personas nos visiten y apoyen el proceso”, concluyó Néstor.

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